Aprendizaje de convivencia: Un bus en silencio

Solo en Alemania (o bueno, también en los países escandinavos) me ha tocado un bus en total silencio; algo que para mí, siendo latina, es algo que pocas veces he vivido.

Durante los últimos dos meses nuestro viaje de la casa al trabajo se vio prolongado por casi 30 minutos extra. La razón: debido a reparaciones y mejoras en la línea del metro, 5 estaciones fueron cerradas, por lo que este tramo fue remplazado por dos buses; uno que cubría la ruta completa de las 5 estaciones cerradas y otro exprés que solo viajaba entre la primera y la última. Nosotros, afortunadamente podíamos tomar el segundo, lo cual al menos reducía el tiempo de viaje un poco, pero que debido a los numerosos trancones que existen a la hora pico igual se extendía en 30 minutos más.

Una tarde, llegamos al bus cuando ya había pasado el rush hour. El bus estaba estacionado en su parada y el conductor había bajado a fumar un cigarrillo, por lo que el vehículo estaba apagado. Aunque no era una hora de alto tráfico, el bus se llenó rápidamente (usualmente en esas horas los buses esperaban la llegada de al menos dos trenes). No había ni una silla vacía, había personas de pie, pero solo una cosa llamo mi atención: el silencio. Si hubiéramos estado en una caricatura los grillos hubiesen empezado a cantar. Me pareció increíble que con tantas personas juntas no se escuchara nada, solo los autos que a nuestra izquierda empezaban a andar pues el semáforo cambiaba a verde. Luego suena un celular, todos giran su mirada hacia el sitio de donde proviene el sonido. Pensaría que hasta algunos observan con cara de protesta, pues alguien está perturbando el ambiente (aunque puede ser, que solo fue mi impresión). La persona contesta con voz baja y trata de que la conversación sea corta. Por fortuna para ella, el bus comienza su marcha, se escucha el ronroneo del motor, el cual es ahora el centro de atención de todos. El silencio se da por terminado, ahora sí algunas personas se atreven a hablar entre ellas, pues su voz será disimulada por el ruido inminente del motor. La persona del celular ahora habla sin problema y creo que hasta sube el tono de su voz. La vida vuelve a la normalidad, ya no es necesario respetar el silencio del otro, el bus se ha encargado de romperlo.

A veces me encanta ese respeto por el espacio del otro, por no incomodarlo, y a veces me hace falta el sentir la alegría y ruido de los latinos. Pero una cosa es cierta, es ese respeto por los demás lo que hace que países como Alemania avancen y crezcan. No se vive la cultura del yo, sino la de la comunidad, del nosotros. Un alemán promedio piensa “si a mí me molesta que griten en el metro, al otro tal vez también, y por eso evito hablar muy fuerte”. Sí, hay excepciones ¡siempre las habrá! Pero la mayoría se preocupa por el bien común, algo que me parece extraordinario y que en varios países de Latinoamérica deberíamos aprender, no solo en la situación del bus, sino en todas las situaciones de la vida. Es pensar en el otro de la misma forma que pensamos en nosotros pues el espacio público lo compartimos todos.

Me encantaría escuchar sus opiniones al respecto.

¡Saludos!

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