La Isla de Rügen

El fin de semana de Pascua lo pasamos en una isla alemana llamada Rügen que queda más o menos a 3 horas de la ciudad de Hamburgo. Está ubicada al noreste de Alemania sobre la costa del mar Báltico y es la isla más grande del país. Es también conocida por tener dos parques nacionales, entre ellos uno llamado Jasmund, que incluye unos famosos acantilados blancos formados por roca cretácica.

La isla está conectada con el continente a través de un puente que cruza el estrecho de Strelasund en el mar Báltico y la une con la ciudad de Stralsund, ciudad de la antigua Liga Hanseática que hace parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. A pesar de la lluvia caminamos por las diferentes calles y tratamos de conocer un poco más de la ciudad. Desafortunadamente, no alcanzamos a ver todo. Quedamos con ganas de volver para visitar en Museo de Oceanografía y el acuario llamado OZEANEUM.

Rügen es una isla grande y tiene varios lugares turísticos. Nosotros nos quedamos en un hotel en Neddesitz, cerca al parque nacional de Jasmund y la ciudad de Sassnitz. Realmente escogimos este hotel pues tenía muchas actividades para niños durante el fin de semana de Pascua, además que contaba con acceso a una piscina y gran área de juegos bajo techo, algo que es muy importante, sobre todo si se tiene en cuenta que en abril es muy normal que llueva (y fuerte).

En general nuestra hija estaba encantada con el lugar, principalmente el área de juegos. También disfrutó mucho visitando unas cabritas que tenían en un establo en las mangas del hotel. A varias de las actividades no asistimos porque estábamos fuera conociendo la isla, y lastimosamente, algunas a las que sí teníamos planeado ir fueron canceladas por mal tiempo. Sin embargo, el domingo de Pascua los niños tuvieron una visita sorpresa del Conejo de Pascua durante el desayuno y luego participaron en una búsqueda de huevos en los jardines del hotel. Una experiencia maravillosa, teniendo en cuenta que no solo era la primera búsqueda de huevos de la chiqui, sino también la primera de mamá (ya que en Colombia no tenemos esa tradición)

Durante nuestra estadía visitamos algunos lugares de la isla:

Sassnitz– La ciudad grande más cercana a nuestro hotel. Tiene un bonito puerto en donde se encuentra un antiguo submarino británico que fue convertido en un museo flotante.

Parque Nacional de Jasmund y sus acantilados blancos– Hace parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. A los acantilados se puede llegar caminando, o por medio de un bus que conecta la zona de parqueo en Hagen con el Centro Turístico Königstuhl, donde se encuentra uno de los más famosos acantilados que lleva el mismo nombre y cuya traducción literal es “La Silla del Rey”. Según la información que nos dieron, su nombre lo adquirió de los habitantes originales de la isla y la forma como escogían su rey. Quien fuese capaz de escalar el acantilado sin ayuda y llegar a la cima se convertía en el nuevo gobernante de la isla.

Prora– lo que fue una vez pensando como un gigantesco complejo turístico Nazi es ahora una ciudad fantasma abandonada en las playas de la Isla de Rügen. Existen planes para restaurar las estructuras y venderlos como apartamentos, pero hasta ahora solo un par de edificios han sido remodelados.

Binz– El pueblo más grande de la isla de Rügen, muy conocido por su linda arquitectura y es además uno de los lugares más turísticos de esta región de Alemania.

En general fue un maravilloso fin de semana largo donde disfrutamos como familia y conocimos lugares lindos. Hizo sol, llovió y hasta nevó, pero disfrutamos cada momento y cada lugar que visitamos. Si me preguntan ¡yo volvería a visitar la isla! Existen muchos lugares que no alcanzamos a ver y por lo que he visto en su página web hay muchas cosas interesantes y divertidas para hacer.

Un Nuevo Mundo: La Guardería

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Luego de una ardua búsqueda por fin encontramos una Kita (así se llaman las guarderías acá en Alemania) que nos ofreciera un puesto para nuestra hija. Sí, es así de complicado, tanto que muchas veces te dicen que deberías empezar a buscar una plaza cuando él bebe aún no ha nacido. A mí esto me parecía un poco exagerado y solo empezamos la búsqueda y a ponernos en listas de espera en las guarderías cercanas cuando ella cumplió 2 meses de vida. Acá va lo que aprendí:

  • Existen ciertas zonas de Hamburgo donde las Kitas viven llenas y es sumamente difícil que se abran plazas nuevas. La zona donde vivimos, lastimosamente, es una de esas.
  • Los hermanitos siempre tienen prioridad, así que muchas veces los pocos puestos que quedan libres ya tienen quien los tome y la lista de espera ni va a ser considerada.
  • La lista de espera, en muchas Kitas, es inexistente. Me explico, existe y tu anotas a tu bebe en ella, pero la mayoría de las veces nunca la vuelven a mirar. Así que solo reciben plazas aquellos padres que llaman y hacen seguimientos seguidos de cómo van los procesos de selección. A nosotros varias de las Kitas nos pidieron el favor de no llamar hasta cierta fecha y así hicimos. ¡Grave error! Para cuando llamamos ya era demasiado tarde y las plazas para la fecha que queríamos habían sido entregadas. Ahora solo nos quedaba esperar si alguien se mudaba y cambiaban a sus hijos de Kita, o un año más a que los niños más grandes pasaran al grupo de 3-6 años.
  • No perder la esperanza y llamar llamar llamar. Como yo empezaba a trabajar en marzo no podíamos esperar un año más y desesperadamente necesitábamos un lugar antes de esa fecha. Sobre todo, si le sumamos que en Alemania se pide a los padres tener un mes disponible para el periodo de adaptación. Luego de estar en lista de espera en casi 15 Kitas decidimos volver a lo básico. Escogimos las 5 que más nos gustaban y solo a esas les hicimos seguimiento. Luego pasamos de 5 a 2 de nuestra lista que publicaron puestos disponibles a partir de febrero. Los llamamos cada dos semanas preguntando si ya habían otorgado las plazas, y al final el duro trabajo tuvo su recompensa: ¡ambas nos ofrecieron lugar! Evaluamos los pros y los contras de cada una y las contactamos con nuestra decisión, y así en febrero empezó una nueva aventura.

El periodo de adaptación, como ya les mencioné antes, es de un mes. La razón principal es que quieren que los niños creen un vínculo de confianza con sus cuidadores, algo que en solo 3 días es casi imposible de hacer. Algunos niños necesitan más tiempo, otros menos. Conozco una mamá que se demoró dos meses en el periodo de adaptación con su hija, mientras que otros (mi hija siendo una de ellas) se “adaptan” en dos semanas. Para ellos el periodo de adaptación termina oficialmente cuando el niño logra calmarse fácilmente con su cuidador luego de la separación programada; y, además, logra hacer la siesta sin problemas allí.

Y aquí va mi explicación a las comillas en la palabra adaptan. Sí, mi hija en dos semanas ya hacia allí su siesta, y cuando yo me iba lloraba un par de minutos y pronto se calmaba. ¡Todo se veía perfecto! Luego, al empezar su cuarta semana, una semana antes de mi primer día de trabajo, todo se complicó. Ya no quería ir. Si pasábamos caminando cerca de la Kita lloraba y gritaba que no. Esa semana me llamaron tres veces para recogerla porque no la lograban calmar (es más en una de esas lloradas se agitó tanto que hasta termino vomitando). Yo me preocupé, una semana y ya entraba yo a trabajar, una semana y ya no iba a ser tan fácil ir por ella cada vez que no quisiera ir. Una semana y nuestra maravillosa simbiosis de 20 meses iba a cambiar drásticamente. Teníamos que encontrar una solución.

Hable con los profes, hable con ella (de la manera como se le puede hablar a un chiquito de 20 meses, entre juegos y repeticiones), le tratamos de dar seguridad de que todo estaba bien y siempre volveríamos por ella. Creamos una rutina corta con papá (quien es el que la deja en las mañanas en la guarderia) donde le da un beso, un abrazo y le dice que mamá llegará por ella luego de la fruta de la tarde. Ella escogió un acompañante, un conejo, que va siempre con ella y es su compañero de siestas. Y poco a poco todo fue mejorando. Ya, casi tres meses allí, le encanta. En las tardes baila y recrea todas las canciones que cantaron durante el día (una amiga nos regaló un CD con las típicas canciones de la Kita y ella las baila todas). Come sola y se quiere empezar a vestir ella misma. La Kita se ha convertido en un nuevo mundo por descubrir para la familia entera, y la verdad que si antes tenía mis dudas ahora estoy feliz de que ella haya empezado. Poco a poco les iré contando como vamos avanzando.

Espero que mis consejos le sirvan a alguien más que ande en el eterno problema de conseguir un lugar en una Kita en Hamburgo.

Encantada con los mercados campesinos

En Alemania los llaman los “Wochenmarkt” o mercados semanales. Existe uno (y a veces dos o más) por zona de la ciudad. Algunos son pequeños, con algunos stands de frutas, verduras, carne, huevos, pescados y quesos. Otros más grandes tienen ventas de flores, charcutería, especias, plantas aromáticas, y otros cachivaches; lo que sí no falta en ninguno, sin importar el tamaño, es un stand de salchichas! Allí se congregan en la mañana y a la hora del almuerzo varios comensales a disfrutar de un snack y una buena conversada.

El mercado que queda cerca a nuestro apartamento abre tres veces por semana: martes, jueves y sábados. El mejor es definitivamente el de los sábados, es el doble de tamaño que en semana y tiene unos stands de comida riquísimos para desayunar.

Me encanta esa mezcla de colores, que cambia dependiendo de la temporada del año. Se consiguen productos frescos y a buen precio; y a veces hasta un tip de cómo prepáralos. Hay un stand que vende plantas para la cocina que me encanta. El señor es amable y siempre te dice cómo cuidar bien tu planta para que te dure, porque él quiere clientes felices que vuelvan a comprar otra planta más tarde y no que tengan que volver por qué se les murió a las dos semanas. Solo les digo que mi albahaca lleva casi 6 meses viva, sobrevivió a vacaciones y todo, gracias a los consejos que me dio este señor.

En fin, creo que es maravilloso que en Alemania se fomenten estos mercados donde se promueven los productos y proveedores locales. (Aunque también se encuentran productos importados de zonas tropicales)

En sus países y ciudades también encuentran estos maravillosos lugares?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

30 días de acuarela

Como les conté la semana pasada hace algunos meses también retomé la pintura. Hice parte del World Watercolor Month (Mes Mundial de la Acuarela) donde artistas de todo el mundo compartían sus obras en acuarela durante todo el mes.

Yo decidí que ese sería un pequeño reto. Me retaría a mí misma a pintar algo nuevo cada día!

Voy a ser muy honesta, no fue un reto fácil. Me he dado cuenta que desde que soy mamá cada momento libre que tengo lo uso en tonterías -bueno primero limpiando y preparando comida, pero lo que me queda de tiempo lo malgasto en internet. Así que decidí que esto tenía que cambiar y el reto del mes de la acuarela fue perfecto. Cada noche, luego de que mi hija se durmiera yo sacaba mis acuarelas y pintaba algo. Con la ventaja de que aún el verano no se había terminado y me quedaban unas horas de luz que podía aprovechar.

Trate de pintar cosas sencillas, donde pudiera jugar con técnicas y dar trazos libres con el pincel. No quería gastar mucho tiempo pintando, pues también quería disfrutar un rato con mi esposo ya fuera viendo una serie juntos o conversando sobre nuestro día.

Me encantó haber tomado ese reto personal. Ahora he vuelto a mis listas de cosas por hacer y trató de ser un poco más productiva. Y aunque aún miro mucho internet, trato de que no consuma todo mi tiempo y de poder disfrutar tanto de mi familia y mis hobbies.

A continuación les comparto las 30 acuarelas. Feliz Semana

Un año pasa volando

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Explorando Estocolmo

Ya va a ser casi un año desde que hice mi última entrada en el blog y un año desde que estrenamos el estatus de padres.

Durante este tiempo han pasado muchas cosas: viajes, visitas, nuevas experiencias, nos hemos acoplado mejor a ser una familia y a seguirle el paso a nuestra nueva integrante (quien tiene mucha más energía que nosotros dos juntos).
Poco a poco la hemos visto crecer a pasos agigantados: ya camina, cuenta y cuenta historias (aunque aún no las entendemos), ya nos muestra su carácter (sabe perfectamente que quiere y que no) y nos sigue enseñando a sorprendernos cada día de la vida y las cosas que nos rodean.

No ha sido un año fácil, sobretodo si contamos que aún no hemos podido dormir más de dos noches seguidas de corrido y que hemos tenido unos fuertes episodios de miedo se separación, que hacen que haya una dependencia extrema (sobretodo hacia mi); que aunque es bonito cansa y te drena la energía pues demanda mucha atención y cariño.

Así que ha sido un año de aprendizaje para todos. Pero de verdad, a pesar del cansancio, donde hay días que es peor que otros, no cambiaría este tiempo por nada del mundo. Además, estoy cada vez más feliz de tener la oportunidad de tomar este tiempo de maternidad tan largo y estar con ella, acompañarla y verla crecer; definitivamente es un privilegio que en muchos países no existe y que cada día estoy más agradecida de poder tener.

Hay mucho por contar, sobretodo hay nuevos viajes y lugares para mostrarles y, por qué no, hasta con tips para los que viajen con niños. Es hora de volver a retomar actividades que puse en pausa en este último año, hace unos meses volví a empezar con la pintura, y ahora le llegó el turno al blog. Espero verlos pronto por acá y poder volver a entretenerlos con las historias que narro.

Hasta pronto!

Llego el otoño a Hamburgo

Bueno, realmente otoño llegó ya hace algunas semanas, pero como saben ahora el tiempo no me pertenece a mí un 100%, sino que dependo un poco de una personita que aún no entiende de horarios. No sabe que es el afán, ni tener que llegar puntual a un lugar, sabe disfrutar del ahora. Así que yo ando en la tarea de aprender a disfrutar de ese tiempo sin afanes, dándome licencia para escribir cuando puedo y cuando no le esté quitando tiempo a ella (sobretodo viendo lo rápido que crece y que, mientras pueda, no me quiero perder de nada).

Por eso es que apenas ahora escribo sobre este otoño, uno que me ha cautivado con sus colores vivos y brillantes. Aunque hemos tenido dias lluviosos y con mucha neblina, también hemos contado con unos días fríos pero de sol radiante que hace que las hojas que aún cuelgan de los árboles resplandezcan como un vitral multicolor. 

Hamburgo no tiene Guayacanes, pero su gran número de Castaños se encargaron este año de decorar la ciudad de un amarillo intenso, que poco a poco dejo una estela dorada sobre calles y senderos.
  
   Ya pronto llegará el invierno, la mayoría de árboles han perdido todas sus hojas y cada semana se ven bandadas de gansos que hacen una parada de descanso en el Alster, mientras hacen su largo vuelo hacia tierras más cálidas.

Este año el otoño ha sido hermoso y solo nos queda esperar que el invierno sea maravillosamente blanco. Pues aunque puede significar un poquito más de frío, siempre es más bonito.

Mientras esperamos la siguiente estación yo seguiré en mi tarea de aprender a volver a tener ojos de niño y maravillarme con las pequeñas cosas que nos rodean y que muchas veces ignoramos, y a disfrutar cada momento como si fuera una experiencia nueva.

Y este año no podía faltar la calabaza

Como ya han visto en las publicaciones de los años anteriores, me encanta preparar una calabaza como decoración de Halloween. Este año no podría ser una excepción. Creo que hasta la talle con más animo por ser el primer Halloween que le toca a mi hija.

Si es cierto que últimamente no tengo tanto tiempo para hacer muchas de las cosas que hacía antes, aún alcanzó a hacer bastante aprovechando sus tiempos de siesta o en la noche luego de ponerla a dormir. Les voy a ser muy honesta, nunca me he ido temprano a la cama y soy completamente incapaz de acostarme a las 9:00 pm con ella. Así que algunas horas de ocio en la noche aún me quedan libres, las mismas que use para esta manualidad.

Como siempre empecé por pintar la cara de la calabaza con un marcador negro   

El siguiente paso fue cortar la tapa y limpiar la calabaza. Entre más pulpa se le quite a la calabaza más va a iluminar, sin embargo esta vez me pudo un poco la pereza y no la limpie tanto como en ocasiones anteriores, digamos que decidí que el enfoque sería la cara y no la calabaza como lámpara. 

Un tip que ya había dado en la entrada del año pasado es el de hacer una muesca en la tapa de la calabaza, así siempre se sabe en qué dirección se debe colocar para que cierre bien.

Luego abrí con un punzón unos pequeños huecos donde iniciaría los cortes en los ojos, nariz y boca. Esos me sirven de guía para mover el cuchillo o pequeña sierra que sirve específicamente para tallar calabazas. Con un poco de paciencia y buen pulso, poco a poco se vislumbra la cara de la calabaza. Como no raspe muchísimo el interior tuve que hacer pequeños cortes para eliminar el exceso de pulpa para que las facciones quedarán más definidas.  

Y finalmente puse una velita en su interior y apague las luces para ver si era necesario pulir o cortar más.  

Así quedó nuestra terrorífica calabaza que ya está sentada en el balcón esperando la noche de Halloween. Ahora solo nos falta disfrazar a nuestra pequeña calabacita, aunque aún es muy pequeña para pedir dulces.

Y a ustedes,  también les gusta celebrar Halloween?